¡Qué grande es el fútbol!
Nada, no hay nada en esta vida que sea capaz de unir tanto a la gente como el fútbol. El jueves salí de mi casa tras la mágica victoria de nuestra selección por 0-3 ante Rusia y he visto a toda mi ciudad en la calle con banderas, camisetas y caras pintadas.
Curiosamente juntos: cules, madridístas, sevillistas, béticos y demás unidos para celebrar el triunfo de una selección que nos está haciendo soñar.
Me gusta mirar la cara de alegría desbocada de la gente, me gusta ver a los niños con sus banderas, los balcones engalonados con la bandera roja y amarilla y las estátuas ondeando nuestra bandera.
No es cuestión de patriotísmo, es un deporte que es capaz de unir todo y de hacer olvidar por momentos todas las discrepancias y problemas del que hacer diario. No importa si tienes tu vida hipotecada por una casa, si tu jefe te tiene amargado, si estas enfermo o si no te llevas bien con tu mujer. Durate las horas del partido y la celebración hacemos nuestro particular paréntesis para meternos en una dinámica que nos transporta a disfrutar, a olvidarnos de todo, en definitiva: a ser felices.
Puede que sean 2, 3 o 5 horas pero son NUESTRAS HORAS, las que hacen sentirme orgulloso no de ser Español y del Barça, sino de amar con toda mi alma a este deporte que provoca todo lo que con mis limitadas palabras e ideas puedo expresaros y que estoy convencido que para mucho de vosotros es esto o mucho más.
Tenemos que ganar el domingo, hay que ganar a Alemania, pero si no lo conseguimos al menos sentíos como yo: orgullosos de ser 100% futboleros.
¡¡¡PO-DE-MOS!!!



